HEGEL, MARX Y LA CUESTION DEL ESTADO

HEGEL, MARX Y LA CUESTION DEL ESTADO

Diego Martin Raus

El marco de la historia como continente de la teoría.

La concepción del Estado en Marx, no sólo no constituye una carencia teórica, sino que su formulación e instrumentación, más que una distinción metodológica opera como una conceptualización clara a partir de la modelación universal del proceso de producción y reproducción del capital y las relaciones sociales y políticas que traza en el tiempo histórico.

 

En primer lugar pretendemos basar, como elemento de decodificación, cualquier análisis que lleve a una producción social de conocimientos a partir del momento histórico de su realización, y en las influencias que sus formas concretas marcan para la explicación ampliada de lo social. En este aspecto, la separación Estado-Sociedad Civil que Marx retoma de Hegel, con el mismo sentido epistemológico dialéctico pero con una visión diferenciada en la constitución posterior del proyecto social, es posiblemente la única manera de visualizar el posicionamiento de las formas políticas en una estructura material dominada por las relaciones productivas y sociales que iba generando el proceso de acumulación de capital en su fase competitiva.

 

Las necesidades reproductivas del capital a mediados del siglo XIX implicaban formas de gestión política acorde a la dinámica que ese mismo proceso imprimía al resto de la sociedad. Y esto no significa la recurrencia al tema de las sobredeterminaciones, en tanto se puede entender a este proceso como circular, sino visualizarlo como constituido desde una retroalimentación histórica constante de los aspectos estructurales y políticos en las formas ampliadas de toda formación social.       Tampoco implica negar la importancia básica y estratégica del proceso, es decir, la necesidad ineludible de reproducir el proceso de valorización como condición de supervivencia social. No obstante, y como prueba sólo mencionada de esta correlación, no hace falta más que explorar la proyección del proceso social que despliega el capitalismo en su conjunto para encontrar en la historia moderna significativos momentos en que las crisis cíclicas de la acumulación fueron resueltas, en primera instancia, a partir de la dinámica social impresa por formas y modalidades de regulación estatal.

 

En este sentido podemos visualizar también que el cuerpo teórico gramsciano conserva esa diferenciación (social concreta y no metodológica como aparece vulgarmente) entre Estado y Sociedad Civil, privilegiando incluso en la relación ciertos aspectos de la primera de las instancias constitutivas (sociedad política). Y estamos hablando de 1920.

 

Es decir, el proceso histórico del capitalismo parece generar una tendencia de separación neta entre las formas políticas y las relaciones sociales de producción hasta entrado el siglo XX, específicamente en la crisis de 1929. Precisamente, el agotamiento de las formas básicas de reproducción material de la fase capitalista competitiva implicó la aparición de nuevas instancias de relación entre Estado y Sociedad, insistiendo en un proceso de co-constitución (O”Donell, 1984), y en donde justamente se empieza a visualizar históricamente la progresiva consolidación de una relación cada vez más estrecha e interactuante entre el Estado y la sociedad Civil.

 

Pero ya estamos en 1930 y el capitalismo empieza a emerger (bajo nuevas formas institucionales y regulaciones políticas) de una crisis cíclica que, de acuerdo con las proyecciones teórico-políticas clásicas, tendría que haber sido cuasi-terminal. En síntesis, las proyecciones teóricas sobre la historia implican la clara influencia del proceso social real existente.

 

Por otra parte, sobre las posibles carencias teóricas que inhiben metodológicamente el análisis social, se hace imprescindible situar a éste en su momento y forma histórica y tratar de conceder que la historia misma registra “puntos negros” en su realización o, al menos, existe una habilidad no bien dimensionada en su constitución de fuerzas sociales que tuercen el rumbo unidireccional de la teoría. Después de todo el mismo Hegel plasmó la relación historia-teoría (filosofía) cuando escribió acerca del…”búho de minerva que levanta vuelo al amanecer.

 

 

 

De la concepción teórica del “viejo” Hegel y el “joven” Marx

 

Para Hegel la historia universal era el desarrollo de la Idea, sujeto histórico que encarnaba el sentido de la libertad con que una sociedad se pensaba y se construía a sí misma. El Estado era el Espíritu objetivado de la Idea -absoluto social- y si bien esto implica reconocer en el análisis el plano concreto de lo social, desde la Familia a la Sociedad Civil y de ésta al Estado, es necesario transportar la relación para entender el sentido que Marx desarrolla cuando señala la necesidad de…”Poner de cabeza”… el idealismo hegeliano.

 

Esto a su vez implica la existencia de una teoría del Estado en Hegel, materializada en la forma de síntesis que toma a ese Estado como articulador histórico de los intereses contrapuestos de la sociedad Civil, es decir, de la idea limitada de libertad con esas corporaciones civiles se constituyen y desarrollan. Al ser el punto de tensión entre la concepción hegeliana y la concepción marxista sobre el Estado, siempre en Marx referido a sus primeras obras y especialmente a la “Critica la Filosofía del Estado en Hegel”, se podría pensar, en perspectiva comparada, que aparte de contener los primeros aspectos de lo que va a ser una concepción opuesta acerca de la constitución de lo social, el punto de fricción principal pasa en ese momento por la superioridad teórica en la concepción filosófica de la Historia y el Estado en el “ viejo Hegel “por sobre el pensamiento del “joven “Marx. Es decir, el Estado así definido por Hegel es el Estado necesario a la organización política de un nuevo modo de producción, el cual se dinamiza sobre la ruptura del orden social. Por ende no estaba equivocado Hegel al suponerlo articulador, por su racionalidad superior, de la sociedad civil en reconstitución. Estaba leyendo correctamente la historia política de la época, y como tal las necesidades de esa sociedad para su reproducción dentro del “status quo” estructural.

 

Por eso mismo reiteramos la necesidad de sincronizar el análisis teórico con la etapa histórica que lo produce, en base al cual supondríamos hoy que la forma más perfecta de Estado Absoluto para Hegel no sería ya la monarquía constitucional.

 

Para el Marx de la “Crítica….” el Estado y la burocracia son una expresión de la dominación material de la sociedad por una clase o fracciones de ella, pero con el desarrollo de una lógica propia que en esta fase de sus pensamientos obedece solo a un instinto institucional de reproducción. Es decir, como señala Marx en la obra citada, la burocracia (en esta fase tampoco demasiado separada analíticamente del Estado) es también un asunto de “…cuchillo y tenedor”.

 

La construcción social en Hegel es el desarrollo dialectico ampliado que implica la aparición de formas familiares, corporativas (constituyentes de la Sociedad Civil) y el Estado. El punto en que estas relaciones sociales no se posicionan históricamente en un plano de subordinación funcional sino en forma de síntesis, distinción no menor en tanto que para Hegel ella implica la conciencia o el “para sí” de esas relaciones sociales. Por otra parte este aspecto significa también la idea de grupos y relaciones, no individualidades, aunque sean referenciados e instituidos no como clases sino como corporaciones (Sociedad Civil) o “instituciones de arriba” (Estado).

 

Esta división de la sociedad justifica la separación no solo analítica, entre el Estado y la Sociedad Civil, separación cristalizada con distinta intensidad en tanto resultante del tiempo histórico de la reproducción del capitalismo. A tal punto esa historicidad que el periodo de posguerra registra la más profusa y diversa producción teórica sobre el Estado, de parte de autores a los que les es difícil negarles una misma matriz ideológica-epistemológica que abreva en el marxismo.

 

El énfasis que Marx pone en las relaciones políticas de una sociedad, materializadas en el Estado como regulador social del conflicto de clases, implica que la superación histórica de ese Estado es un producto del desarrollo estructural de la lucha de clases en una formación social. De la evolución, progresivamente favorable a la clase expropiada en esa lucha, se sucede la desaparición de las formas materiales e ideológicas que constituían la posibilidad de mantener latente el conflicto social. Pero solo a condición de resolver el dilema base de la sociedad producto de las relaciones sociales de producción capitalista.

 

Así, podemos retomar a Gramsci cuando entiende que la superación de la alienación, lo que es decir la superación histórica de las condiciones y formas materiales que producían esa alienación de clases, entre ellas y constitucionalmente el Estado, no es un asunto ético moral sino estructural epistemológico, o sea el conocimiento del cómo y el porqué de la superación de las condiciones materiales de la dominación. Esto significa posicionarse en un estructuralismo acabado, pues en todo momento hay que reconocer la eticidad que recubre la teoría marxista de la historia y, por ende, el papel que en ésta deben tener los mecanismos de elaboración del hombre como tal y como ser social. Pero justo es aceptar que en el momento de la lucha prima en Marx el sentido material en la resolución de la misma, en tanto primordialmente material (más que ético moral) es el capital, polo opuesto de esa lucha. La superación histórica de la escisión entre intereses sociales fragmentados implica la desaparición de la estructura política esencial al mantenimiento de esa separación: el Estado.

 

 

 

 

De la Teoría del Estado en Marx.

 

Si se prefiere acomodar el análisis a la idea de que no siempre un cuerpo teórico, para ser iluminador de una situación histórica más allá de una dimensión espaciotemporal definida, debe partir de una rigurosa concepción epistemológica acerca de la forma de abordar el objeto de estudio y, a partir de ahí desarrollar un orden metodológico severo para corroborar o descartar hipótesis previas, pero en cambio se acepta el estudio profundo y la intuición intelectual como elaboradores de problemas y generadores de desarrollos explicativos, quizás desordenados, quizás brillantes, posibilidades no mutuamente excluyente, se podría entonces pensar que existe en Marx una teoría del Estado. Marx no desarrolla rigurosamente en algún texto o capítulo de sus obras una teoría del Estado. Pero precisamente por eso la concepción del Estado en Marx se enriquece, dado que aquel como objeto de estudio se cristaliza en el análisis tal como se reproduce en la realidad: una síntesis de estructuras y prácticas sociales (en el amplio sentido que a esa síntesis le confiere Poulantzas) imposible de ser abordada desde la estática teórica. Precisamente porque es tan mutable como la realidad que encarna.

 

Así como antes mencionamos la concepción de la burocracia en Marx en la “Critica a la Filosofía del Estado”, en la “Ideología Alemana” Marx va a decir”…precisamente en virtud de esta contradicción entre el interés particular y el interés común, cobra el interés común, en cuanto Estado, una forma propia e independiente, separada de los reales intereses particulares y colectivos, como una comunidad ilusoria, o sea, se convierte en otro interés particular”. Es decir, en este análisis el Estado no solo se posesionan como una estructura por sobre los intereses de clases, sino que lo hace desde una lógica política, a pesar que en el “Manifiesto Comunista” Marx había señalado que la burocracia, como la forma social más acabada que ocupa el Estado, era solo “…el comité ejecutivo de la burguesía”

 

Luego, la idea antes mencionada en “La Ideología…” va a ser llevada a un refinamiento teórico en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, donde analizando la revolución de 1848 desarrolla la categoría política más elaborada de “Cesarismo” o “Bonapartismo”, es decir la Burocracia-Estado direccionando el proceso social por sobre la acción conflictiva de las clases, pero especialmente por sobre las contradicciones de las fracciones de la clase dominante, lo cual da al Estado la fuerza política para autonomizarse relativamente (concepto luego desarrollado por Nicos Poulantzas en base a esta idea de Marx) de la dominación directa del capital como clase, obviamente que dentro de los marcos estructurales que supone una sociedad que se reproduce dentro del modo de producción capitalista. La sociología política del 18 Brumario la desarrollar{a Marx en “La lucha de clases en Francia”.

 

Más tarde, en los análisis históricos de la Comuna de Paris de 1871, Marx va a trazar, a la luz de esos hechos, las formas y regulaciones sociales que debe aprehender el estado dentro del esquema transicional de la Dictadura del Proletariado, formas que emanan de la oposición al Estado capitalista francés pre-comuna y sus modalidades sociales de gestión.

 

Si a estas concepciones históricas acerca del funcionamiento del Estado en la reproducción de las sociedades capitalistas, se agregan los aspectos teóricos emergentes del análisis mismo del capital y las relaciones ampliadas que trazan y estructuran al interior de una sociedad, aparte de tomar en cuenta los análisis de Engels sobre el proceso de clases y las formas políticas en Alemania, análisis que arrancan, aunque a veces, se contraponen, de las ideas de Marx sobre el Estado, podemos arriesgar que en Marx existe una concepción clara acerca del Estado como relación política del proceso social. Concepción que puede ser teoría si entendemos a esta dentro de los supuestos antes mencionados

 

Se puede pensar que en Marx existe una teoría del Estado en tanto surge de los análisis por los cuales lo concibió como un producto histórico. Y dado el papel que juega la historia en la teoría social marxista, la idea del Estado como forma de la historia es significarlo de manera tan dinámica (y dialéctica) como la historia misma.

 

La ley principal de la dialéctica como interpretación del mundo, decía Heráclito, es que todo cambia menos la misma ley del cambio. En este contexto el Estado es necesariamente una forma histórica cambiante tanto como lo es la forma Capital. Que de éste haya una concepción teórica más acabada obedece a la relativa preponderancia que las relaciones socio- económicas ejercen sobre las políticas en una formación social en Marx. Pero suponer que en el sentido histórico-político no hay en Marx una Teoría del Estado implica decir que en él no existe una teoría (filosofía) de la historia, dado que la omnicomprensividad de ésta necesita tener clara la idea de Estado, así como de otras formas y relaciones sociales, en cada proceso histórico.

 

La teoría del Estado y la política en Marx surge del análisis de las relaciones sociales de producción en tanto que históricas, así como la institución del capitalismo en la historia en Weber emerge del análisis de la acción social y las formas político-sociales en general. Es en este sentido, por ejemplo, que las categorías políticas de “Bonapartismo- Cesarismo” o “Autonomía relativa del Estado” son una forma histórica producto del análisis de las relaciones sociales capitalistas predominante en una determinada etapa histórica. Y esto no implica un determinismo absoluto sino relaciones jerarquizadas de constitución de lo social ampliado.

 

Que el Estado capitalista demostró en su desarrollo histórico ser mucho más que lo que Marx entrevió de él queda claro en las múltiples formas y roles cumplidos en los largos y conflictivos ciclos en que se reproduce el capital como forma ampliada. El exponente más acabado de este tipo de Estado es el ya “mítico” Welfare State”. Pero éste es un estadio político que Marx no creyó posible de la misma manera que no creyó en la capacidad progresiva del capital para reciclar sus crisis cíclicas, asumiendo nuevas formas funcionales a la reproducción social global.

 

Si bien este es otro tema es oportuno traerlo a colación para significar que, si las formas modernas del Estado capitalista son ejemplos de la inexistencia de una teoría del Estado en Marx, se puede aceptar que precisamente estas formas políticas se encuadran perfectamente en la concepción del Estado en Marx. Excepto que lo que se ponga en discusión sea la rigurosidad de la historia.

 

 

 

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