EL HÁBITO NO HACE AL MONJE: REFLEXIONES SOBRE LA PARTICIPACIÓN Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

Diego Pando

Decano de la Facultad de Políticas Públicas de la UMET

La importancia de la participación en la elaboración de políticas públicas ha regresado a un primer plano. Plebiscitos, audiencias públicas, presupuestos participativos, hackatones, entre otras cuestiones, reflejan distintas formas a través de las cuales la participación se expresa con el objetivo de mejorar la legitimidad de las decisiones públicas.

Si bien son indiscutibles las bondades que puede tener la participación para fortalecer el vínculo entre representantes y representados, las luces de este concepto muchas veces encandilan. Generalmente se da por sentada la relevancia de la participación así como también se da por sentado que, por el solo hecho de importar, producirá buenos resultados.

Desde esta visión, a veces se le asigna a la participación, ya sea por conveniencia o por error, una función casi mágica. Considerar que toda participación aporta a un mejoramiento de las políticas públicas y de la democracia constituye más un axioma o principio ideológico que un hecho corroborado empíricamente.

Y con esto no nos referimos a que muchas veces hay una sobreestimación del interés de los ciudadanos por participar en los asuntos públicos. Cuando decimos que no toda la participación apunta al mejoramiento de la calidad de las políticas públicas, pretendemos enfatizar las siguientes cuestiones:

  • La participación puede ser restringida a cuestiones de implementación y alejada de la construcción de agenda y formulación de decisiones, con lo cual puede terminar legitimando la distribución de poder pre-existente. “Quien define, decide” es una premisa básica del análisis de políticas públicas que demuestra la importancia que tiene la definición de un problema en la configuración de los objetivos, instrumentos y puesta en práctica de las iniciativas públicas.
  • La eficacia de la participación es cuestionable en áreas donde el conocimiento especializado es imprescindible para la adecuada elaboración de políticas públicas. Los recientes casos de plebiscitos en Gran Bretaña, Hungría y Colombia encendieron las alarmas al mostrar que las virtudes de los referéndums quedan limitadas por sus defectos (simplifican la complejidad de los temas sobre los que se quiere dirimir, se mezcla el tema en cuestión con otras variables en juego como la popularidad del gobierno o la situación económica,  reducen la pluralidad al obligar a la polarización).
  • La participación lejos está de ser inherentemente transparente y despojada de valores e intereses ocultos. Los presupuestos que nos presentan una imagen ideal y necesariamente positiva de la participación no dejan demasiado margen para el reconocimiento de dinámicas que no necesariamente son positivas para la profundización de procesos democráticos (por ejemplo, ciudadanos u organizaciones de la sociedad civil con valores autoritarios o que expresan intereses poderosos).
  • Los ciudadanos y grupos sociales más débiles (y que más necesitan del Estado) muchas veces no logran ni siquiera alcanzar la condición de actor dado que no tienen los recursos mínimos para generar acción colectiva y por lo tanto no están en condiciones de participar del proceso de elaboración de políticas.
  • No se puede reducir la sociedad civil a las denominadas organizaciones no gubernamentales (ONGs). Actores como los sindicatos y principalmente los partidos políticos parecen estar fuera de la consideración de las apelaciones a la participación. Buena parte del discurso participativo evidencia una problemática tensión con sindicatos y los partidos políticos como canales de representación y participación popular. Al concebir, por ejemplo, a los partidos como fuente de clientelismo, corrupción y demás males, la participación muchas veces se plantea no como complemento de la representación partidaria sino como su reemplazo.

Que el Estado tenga importantes desafíos para satisfacer el “bienestar general” en una sociedad atravesada por contradictorios intereses y valores, no quiere decir que no mantenga aún un destacado papel en la producción de bienes y servicios públicos para todos pero especialmente para aquellos sectores más postergados de nuestra sociedad. El riesgo es que detrás del glamoroso discurso participativo, el Estado pierda cada vez más el centro y por ende el remedio termine siendo peor que la enfermedad.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s

Blog at WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: